Juventud

La belleza no es sensual

Hace un tiempo atrás, había comenzado a pensar sobre mi manera de vestir, en el pasado, en mis veinte y mis treinta me vestí con mucha sensualidad, escotes pronunciados, pantalones ajustados, ropa ajustada, donde se marcaba mucho mi silueta, me vestía así porque trataba de imitar a las mujeres atractivas que trabajaban en la televisión, las cuales tenía como íconos a seguir, pensaba que vestirse sexi, sensual, coqueta, era aceptado y se veía bien, accesorios llamativos, tacones altísimos, todo eso lo había hecho parte de mí, me veía al espejo y mientras más sexi, yo me sentía más atractiva y femenina.

Llamar la atención de otros, era el termómetro con que medía lo atractiva que podía ser. Pero el tiempo pasó, trabajaba en una oficina de proyectos y poco a poco empecé a cambiar algunas cosas, la sensualidad lo llevé a un plano más formal, comencé a ponerme trajes de taller, sea de falda o pantalón, pero siempre prendas ajustadas al cuerpo, escotes presentes, y cosas por el estilo, una sensualidad más formal, más sutil, pero siempre sensualidad. Poco a poco empecé a reflexionar, que ser sexi me exponía a situaciones incómodas, miradas invasivas de otros, comentarios no solicitados, invitaciones simuladas, todo ello que para ese momento veía como halagos,  ahora me parece nauseabundo.

Sumergida en el error

Nací y crecí en Venezuela, donde todo el año es verano, el frío o el calor está determinado por la altitud, todo lo que veía alrededor era una forma de vestir ausente de reglas, transgresiva y como una plaga, expansiva, después de todo la regla era exhibir. Reconozco mi ignorancia, reconozco mi comportamiento intencional,  cuando se crece en un ambiente así, ese hecho casi nadie lo cuestiona, se vuelve normal. Tengo recuerdos muy claros sobre lo que para esa época era la feminidad, todo lo dicho anteriormente más unos senos operados. Sí, operarse los senos estaba a la orden del día, era algo tan popular que las mujeres hacían malabares para financiarse la operación. Estuve a punto de caer en esto, solo que aún cuando trabajaba no podía permitirme gastar el dinero en esto, lo necesitaba para cosas más importantes. A veces pienso que, no tener dinero te puede salvar de hacer cosas que en un futuro pueden devenir en arrepentimiento.

La comparación

Años más tarde, comencé a viajar a Europa, la ropa que llevaba en mi maleta era de verano aún si viajaba en invierno, apenas tenía una chaqueta que hoy día llevaría solo en otoño. Recuerdo algunas cosas para ese entonces, colores estridentes, telas frescas inadecuadas para el frío mientras que las europeas llevaban colores oscuros, abrigos de diferentes tipos, bufandas, gorros y otros complementos para el frío.

Observar cómo visten en algunos lugares donde he ido, es una experiencia de viaje a la que he considerado un fenómeno a estudiar, va mucho más allá del clima, estrato social, instrucción académica, incluso la etnia a la que pertenecemos, no es un problema que se circunscribe a un país o una región, está ampliamente extendido en el mundo.

En los últimos años he notado una acelerada transgresión en la forma en que vestimos nuestros cuerpos, una exposición pública que no es por descuido, sino cuidadosamente planificada y eso ha comenzado a ser aterrador, no solo porque se imita sino porque parece indiferente ante los ojos de los demás.

Rechazo

Por un lado, empecé a sentir rechazo por todo aquello que se expone a la vista de otros, rechazo por lo que insinúa, sea sutil o descarado, y con eso me refiero, a un tipo de sensualidad que esconde pero que al mismo tiempo invita a descubrir, empecé a sentir rechazo por lo exuberante, lo deliberado, lo desnudo, lo seductor, lo cargado, lo decorado, lo estridente, lo provocativo y todo aquello que llama al deseo, todo aquello que pueda parecer, asemejarse o tan siquiera acercarse a algo sexi.

Por el otro, comencé a admirar el cuidado con el que algunas personas se visten, el largo de una falda, la discreción al llevar un vestido, el corte de una blusa, una tela apropiada, me dí cuenta que los detalles cuentan cuando quieres hacer bien las cosas.

Hoy mis ojos fueron abiertos, y lo que antes no podía ver bien, hoy lo veo y lo comprendo, cómo sanar de una miopía, ahora entiendo lo terrible de vestirse de este modo, finalmente tengo una palabra que no solo lo define bien sino que lo puso al descubierto para mí, se llama sensualidad. Una sensualidad que te cubre, para que no se pueda ver realmente quién eres tú, una sensualidad que te expone como un objeto sexual, que te muestra como un objeto de deseo, la sensualidad distrae a todo aquel que la ve, entra a la fuerza por los ojos, no pide permiso, fuerza, violenta, grita, es grosera e insulta la belleza, ahora entiendo porque no se puede ver más allá, en lo profundo, en lo interior. La belleza no puede competir con la sensualidad, porque la belleza tiene otros valores, otros patrones de comportamiento, ella es delicada, es equilibrada, comedida no se excede, discreta, educada, es proporcionada, habla no grita, invita a ser descubierta, no se descubre a sí misma ante la concupiscencia de los demás.

Por años, me sentí fea, no importaba cuánto me esforzara por llamar la atención, simplemente la sensualidad es como una espiral en el que la transgresión no tiene límites, siempre se quiere más, como si no fuera suficiente, mostrar más, llamar la atención de más personas, innovar más, impactar más, una espiral que crece y crece y que está arropando a la mayoría de las mujeres del mundo, incluso a los hombres, es terrificante.

Vestirse hoy

Ahora mismo, la ropa en Europa es muy barata y esto con relación al poder adquisitivo que tienen los europeos, sin comentar los dos grandes sales que se da en el año, que es el sale entre fin y comienzo de año así como el sale de verano, en el que se puede encontrar ropa de colecciones pasadas a precios ínfimos. Las estrategias de marketing que se han utilizado para mantener grandes volúmenes de venta es tan desproporcionada, que ir a una tienda a comprar puede ser abrumador, el exceso de ropa, ofertas, incita a compras innecesarias e incluso compulsivas.

Vestirse puede ser un gran desafío, porque es estar firme en este cambio de pensamiento, primero si necesitas comprar y después elegir entre la variedad, el punto es elegir bien, saber quien soy, hago un paralelismo, el vestido es la portada de un libro como yo soy el libro, mi pregunta es ¿Cómo quiero ser leída?

He observado portadas de libros que en apariencias no dan lugar a dudas a la intención de mostrar estatus social, me golpea como lectora, de esa intención dependerá como lea la portada.

iHasta la próxima!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *