Adultez

Como llegué hasta aquí

Hace tres meses me pasó algo que me condujo hasta donde estoy ahora, unas tres semanas antes había regresado de unas largas vacaciones en una casa de montaña en Francia, estaba ansiosa por regresar a casa y con muchas expectativas sobre mi trabajo.

Soy profesora de español y formo parte de la plantilla de profesores de un Instituto prestigioso con sede en Italia, hasta el momento me habían asignado algunos proyectos en centros educativos y en la propia sede, todo eso me tenía muy contenta, porque llegar ahí ha sido un camino largo que ha tomado años, paciencia y perseverancia aún en momentos en lo que parecía no prometer nada.

Una mañana de septiembre, me llaman del Instituto para indicarme que debía presentarme dentro de dos días en la sede para unas fotos que debían hacerse los profesores a propósito de los cursos que estarían por iniciarse en el nuevo año académico.

iQué emoción! No podía creer que entre tantos profesores me habían tomado en cuenta para esta iniciativa. Me puse a pensar que debía arreglarme para esas fotos. Soy una mujer de 44 años, no estoy en el grupo de las bonitas que sin mucho arreglo salen muy bien en las fotos, yo debo esforzarme no para salir bien sino por lo menos salir aceptable. Me puse manos a la obra, arreglarme el cabello, luego las uñas, la mayoría de las veces suelo llevarlas sin esmalte, así que esto requería también atención y por último mi cara, a esta edad hay líneas marcadas que busco ocultar pero a veces me lleno de fuerzas y me olvido que ellas están, para eso me vi forzada a reservar una cita con el dermatólogo para una sesión con ácido hialurónico.

La cita con el dermatólogo

Llego puntual a mi cita, 4:30 p.m., observo gente esperando con el habitual tapaboca, en la entrada una mesa con un módulo obligatorio a llenar por los pacientes y un consultorio cerrado.

Antes de llegar al consultorio paso por el cajero automático a retirar dinero para pagar al médico, tenía dudas si hacerme las inyecciones de ácido hialurónico, genero dinero solo cuando estoy activa, y los periodos de vacaciones son completamente inactivos. Así que estaba usando dinero que había devengado antes de las vacaciones. En mi corazón saltaban pensamientos como debo enviar dinero a mis padres, debo pagar el tratamiento de ortodoncia de mi hija, debo ahorrar porque puede faltar este dinero para algo más importante. Pero aún si pagaba el médico aún tenía para todo lo demás, excepto porque subestimé eso “importante”, pensé que quería dar mi mejor cara para aquellos que me habían considerado para unas fotos institucionales.

Esperando al médico pensaba, ojalá no venga, no debo gastar este dinero en algo tan vanal como esto, lo podría usar para algo mejor, tal vez, con un poco de maquillaje logre mejorar el aspecto de mi cara, una buena luz, una sonrisa puede ayudar mucho. El dinero siempre ha sido un elemento crucial en mi vida, me ha costado mucho ganarlo y he tenido mucho miedo usarlo. Pasaban los minutos y el médico no venía, hasta que vi entrar a una asistente quien me informó que el médico llegaría con retrasos porque estaba en una intervención quirúrgica, entonces decidí esperarlo solo media hora, pasado ese tiempo me retiraría. Mientras seguía esperando, mis deseos más profundos era que no se presentara, así no gastaría ese dinero, considerando todo aquello habría podido retirarme y no continuar con el plan, pero estaba ahí, había hecho un compromiso con el médico, no estaba bien para mí, irme y faltar a ese compromiso. Por lo tanto, decidí esperar esa media hora más, meditando dije Señor si lo mejor es que no me haga estas inyecciones, entonces que este doctor no se presente, sino no pasa nada me las tendré que hacer porque ya me he comprometido. Media hora después, el médico no se presentó, tal y como lo había decidido antes me retiré con un aire de tranquilidad por no haber gastado el dinero en esto, pero con resignación porque no tenía otra cara que presentar para la sesión de fotos.

Una noche antes preparando el vestido

Desde que vivo en Italia, presto mucha atención al vestir, las italianas suelen esforzarse mucho por su apariencia, vestirse bien, cabello impecable, uñas arregladas, maquillaje, accesorios, tienen un presupuesto especial para estos detalles. Arreglarme para ir al trabajo, una reunión, cena, un café, recibir visitas en casa, entre otros eventos lo debo asumir como un trabajo, que requiere cuidado, misura, balance y  buen gusto. Qué bueno que haya otra chica en casa, mi hija de 18 años que habiendo crecido en Italia sabe mejor que yo como funciona el gusto italiano por la ropa.

Abro mi armario y comienzo a probarme vestidos, los pantalones y zapatos cerrados son casi imposibles en verano, el calor es insoportable. La opción vestido discreto y sandalias bajas, debo ir en autobús y caminar 2 km hasta la sede del Instituto.

Sesión de fotos

En Italia, el verano es muy caliente y húmedo, y este septiembre a diferencia de los anteriores la temperatura estaba por encima de la media, es un tipo de calor que marchita, afecta tu estado de ánimo, es un calor que enferma. Muchos lugares carecen de equipos de aire acondicionados u operan al mínimo para evitar los altos costos de energía eléctrica. Digo esto, porque el ambiente al llegar al Instituto era de completo calor, conocía previamente al personal administrativo, pero el personal directivo era nuevo para mí, e incluso los profesores, solo conocía una de ellos, la cual recordé por un curso que hicimos en el pasado, pero como es normal y no me extraña ella no se acordaba de mí. En total estábamos presentes  seis profesores, trato cordial y agradable. Cada uno pasó a ser su foto, yo quedé de última, para estas cosas y para otras parecidas generalmente paso de última, deseo que otros tengan la preferencia, he aprendido mucho de esta costumbre, comencé a ejercitarme más en este hábito cuando estaba cerca de una o más personas y teníamos que pasar por una puerta o por espacios muy estrechos, pasaba de última y encontré en esto algo especial, engrandecer un poco más a los demás y empequeñecer más mi yo, recuerdo que esto no me funcionaba cuando estaba con una amiga japonesa, porque ella no me dejaba hacer esto, una vez lo aceptó pero al notar que yo lo hacía de nuevo me tomaba de la mano y pasábamos juntas por la puerta, me conmuevo un poco al decir esto, porque entre tantas personas ella se dio cuenta.

Los directivos nos explicaron que el objetivo de las fotos era elaborar unos post publicitarios, los cuales serían publicados en las redes sociales del Instituto para dar mayor confianza a los estudiantes y estimular las matriculaciones para cursos presenciales, los cuales para el momento estaban siendo afectados por las restricciones establecidas del Covid.

No contrato  – No foto

Pasaron unos días y comenzaron a publicarse los post con las fotos de mis colegas en las redes sociales con los respectivos likes y comentarios de los estudiantes, mi costumbre de dejar pasar a los demás primero y quedar yo de última dejó de ser mía y pasó a ser de alguien más, que decidió, no solo dejar pasar a los demás primero, sino no dejarme pasar a mí.

Pasaron los días, los suficientes para darme cuenta que no publicarían mis fotos, asignaron los cursos a los profesores y no me asignaron ni un curso, sin ningún tipo de explicaciones.

A veces no basta con pasar de última, simplemente no puedes pasar y eso me tuvo por días muy triste. Le dije a Dios, tú sabes cuanto ha costado llegar hasta aquí, tú sabes que he perseverado y he sido fiel por años, pensé que estaba comenzando a volar, por lo menos un poco y he quedado por fuera.

La respuesta

Tuve pensamientos por varios días debido a esto, cosas como gracias Señor, no me quedé completamente sin trabajo, estoy trabajando con otro Instituto, el cual me asignó inicialmente 4 horas y media a la semana y posteriormente me las disminuyó a 3 horas y media, bajaron los ingresos, se ha debilitado la cuerda pero aún no se ha roto. En medio de mi tristeza, el Señor me dijo: “todo es divino”.

El hoy

Ya no estoy triste, cuando se avecina la tristeza me acuerdo de su respuesta “todo es divino”. Empecé a tener mucho tiempo libre, de esos que te hacen pensar y pensar, deseos de ser productiva, hacer cosas que tengan valor. He probado hacer varias cosas, pero el error es un compañero infalible, así que mientras aprendo, me equivoco, hasta que algún día habré llegado a aprender lo suficiente para no equivocarme.

Ahora hago este blog, espero aprender mucho mientras lo hago, que fluya como tenga que fluir, me doy por satisfecha si alguna se beneficiara de lo que cuento aquí.

iHasta la próxima!