Adultez,  Mis historias

Día del matrimonio

En países como Italia donde se tienen cuatro estaciones, existen algunos criterios para elegir la fecha del matrimonio, entre ellos si se quiere un matrimonio a la intemperie, colores vibrantes, cerca del mar, lo ideal sería en los meses de verano, si se busca una atmósfera de bonitos atardeceres y colores cálidos se valora el otoño, así pudiéramos seguir con el invierno y la primavera.

Los matrimonios en Italia se celebran con esplendor, incluso para las familias más modestas, considerando el presupuesto que conlleva todo ello, financiado generalmente por los padres de los novios. Los preparativos comienzan un año antes, iniciando con la reservación del lugar donde se efectuará la celebración.

Debido a mi origen bastante humilde y las muchas decepciones que tuve en el camino, habían sueños que no me permitía tener, no pasaban siquiera por mi cabeza, por lo tanto, nunca soñé con un matrimonio pomposo, me bastaba simplemente con casarme. Al casarme con un italiano, quien además está muy ligado a sus tradiciones, un simple matrimonio no era un acuerdo. Lo más simple para él era para la ceremonia civil un teatro lírico del año 1890, la celebración en un restaurante en la cima de una montaña con vista a toda la ciudad, música en vivo y un bufé con una cantidad de comida nunca antes vista, para mí todo eso era demasiado. Pero era lo mínimo a lo que él podía acceder y en consecuencia, yo debía aceptar.

El vestido

Tres meses antes y con la idea de un matrimonio muy sencillo en mente, me compré un vestido que había considerado propio para la ocasión, como calzado, unas sandalias.

Nada pudo ser más desacertado, mi concepto de sencillez igualaba mi ignorancia, un vestido de tela ligera, corto y sin mangas se ajustaba a una sencilla boda de verano, máximo comienzos del otoño.

Los inviernos en Italia son fríos, húmedos y hace mucho viento, la combinación atmosférica que no faltó el día de mi matrimonio porque me casé entrando el invierno. Así da inicio la componenda, un vestido y un calzado inapropiado.

Al observar que el clima estaba cambiando y se volvía más y más frío, comencé a tener dudas, sobre lo que vestiría y especialmente las sandalias. No tenía mucho dinero, comprarme unos zapatos y otro vestido no estaba en mi presupuesto.

Mi prometido me regaló los zapatos y con el presupuesto que tenía me compré un chal de piel de conejo, el cual utilicé para cubrirme del frío.

Estilismo

Tenía presente que las novias el día de su boda, hacen su mayor esfuerzo para lucir hermosas y perfectas en ese día tan especial.

No me gustaban los peinados de matrimonio, opté solo por un simple secado de cabello y sin tocado.

Un vecino maquillador se había comprometido a maquillarme, dos días antes se fue de viaje y no cumplió. Una promesa de mi hermana con un curso de maquillaje profesional me da esperanza, pero llegado el día no logra el resultado deseado y no me queda más que maquillarme yo misma.

Las uñas me las hice en casa, cosa notoria considerando los resultados que se obtienen en un centro estético.

La sencillez que buscaba era un asunto en diferentes proporciones entre gusto, recursos e ignorancia, en ausencia de palabras, todo esto habla de mí.

Mis invitados

La mayoría de los invitados eran familiares y amigos de mi prometido, de mi parte solo tenía dos amigas latinoamericanas y mi hermana, todas con sus respectivos esposos.

Casarme con una persona con una mejor condición económica que la mía me ponía en serias desventajas. y en el extranjero eran absolutamente mayores. En un matrimonio, previamente los padres de los novios se conocen entre sí, los gastos son compartidos, y el apoyo familiar y de amigos son muy importantes en la organización.

Mis padres siempre han estado en una condición económica vulnerable, cuando era niña con mucha dificultad podían comprar los alimentos y pagar los servicios, para ellos no existen vacaciones, paseos, restaurantes, hacer regalos, cubrir tratamientos médicos y mucho menos pagarse un viaje al extranjero a menos que un hijo lo pague. Son los típicos padres que una vez que sus hijos se hacen adultos, estos tendrán que esforzarse para poder mantenerlos.

Todo esto introduce un escenario para reflexionar, me caso en el extranjero y no puedo pagarles el viaje a mis padres, había económicamente contribuído para los gastos de organización del matrimonio, de por sí ya era insuficiente, el mayor costo lo asumió mi prometido. A veces las cosas no suceden cuando quieres sino cuando puedes, porque eso va a costar.

Los regalos

Se suele regalar dinero en efectivo y la familia es la que más se luce con este tipo de regalos. Como era de esperar, de parte de mi prometido llegaron la mayoría de los regalos, en mi interior rogaba que no se me preguntase por los regalos que venían de parte mía, pero eran imposibles de ocultar, una amiga me dijo que no podía regalarnos nada porque no tenía dinero, me regaló una planta, la otra amiga me dijo que no nos podía regalar efectivo como es costumbre porque tampoco tenía dinero y optó por regalar una sencilla batidora eléctrica y mi hermana preguntó de cuánto tenía que hacer el regalo, pero no soy buena para pedir ni insinuar sobre eso, así que ella lo tuvo que decidir sola y entre los regalos de hermanos fue más aplicado el hermano de mi prometido.

Al día siguiente cuando mi marido estaba contando el dinero recibido, emocionado esperaba el regalo de mi hermana, al abrir el sobre y avistar 200 € me dijo, que me lo podía quedar, con este comentario pretendió dividir los regalos del matrimonio. No me lo esperaba, pensaba que los regalos se unían, no se dividían en tuyos y míos, pero ¿Por qué no? cuando la propuesta fue casarse con bienes separados, aunque sé que yo no los tengo.

Insistí en entregarles los 200 € y preferí quedarme con la planta y batidora eléctrica de la que hoy aún hago uso. Ahí cayeron mis primeras lágrimas después del día de mi matrimonio y pensé…iNo puedo olvidar de donde vengo! y sí lo acepto, estoy en desventaja.

iHasta la próxima!

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