Juventud,  Mis historias

La universidad

Siempre he tenido en mente que estudiar es el camino de superación de los pobres, mis padres no estudiaron, ni siquiera completaron el bachillerato, entre mis hermanos mayores solo una completó el bachillerato y los otros no, otro de mis hermanos estaba teniendo bastantes problemas para estudiar y culminar el liceo, no tenía cerca de mí ejemplos a seguir, el panorama era oscuro, nadie en mi familia podía orientarme.

Esto pudo afectar mi motivación para seguir estudiando, pero hay cosas alrededor que no obran en detrimento contra una persona, sino a favor, precisamente eso fue lo que ocurrió, una familia sin estudios obraba a mi favor, porque fue la motivación más grande que tuve para estudiar.

En algunos países estudiar no es garantía de éxito, no hay seguridad de que vas a tener un trabajo en tu campo de estudio o si será un buen trabajo, un salario compatible con el costo de vida, estabilidad laboral, es probable que los problemas económicos persistan, que no logres cumplir con metas que se suponen debiste haber alcanzado siendo un profesional universitario, como comprar una casa, un vehículo, tener ahorros, pagarte unas vacaciones, etc.

A pesar de todas estas incertezas y ambigüedades, estudiar es un arma muy poderosa para la superación personal, como lo es la siembra de una semilla para un agricultor, la cual tomará años cosechar, entre prolongadas sequías y torrenciales lluvias será instruido en un increíble y crítico proceso que terminará dando frutos.

Por lo tanto, antes de finalizar el bachillerato estaba clara que yo quería estudiar. Qué estudiar y dónde estudiar es como qué semilla y en cuál terreno hay que sembrar. Aquí me vuelvo a encontrar sola, en medio de tantas opciones y posibilidades carecía de criterios para elegir.

Ante la ignorancia y la falta de dirección están los anhelos del corazón. Fui una estudiante promedio, no era cerebrito y mucho menos la mejor, pero había algo en mi carácter que ha sido por años un aliado, yo le digo deseos de cumplir, otros le dicen responsabilidad. Esto me habría dado en el futuro inmediato dos cosas, la primera, una medalla de reconocimiento como buena estudiante en mi acto de graduación de bachiller y la segunda, la osadía de estudiar ingeniería. No sabía lo que significaba ser una ingeniero, pero quería ser alguien, hacer algo más que no hacer nada. Al final, elegí la semilla de la ingeniería, pensaba, mis deseos de cumplir me llevarán a cosechar.

La universidad

Presenté exámenes de admisión para tres universidades, una pública y dos privadas, me rechazaron en dos y en la que fui admitida era privada, aquí daría inicio a lo que sería el primer gran desafío que he tenido que enfrentar en la vida, pagar una universidad privada.

La familia de la que provengo, no es el tipo de familia que se puede permitir pagar una universidad privada, es el tipo de familia en la que los hijos son mano de obra que ayudarán al sostén del hogar. No podía esperar esa ayuda, estaba negado para mí. No solo tenía que pagar una universidad sino además ayudar económicamente a mi familia.

Desafío en marcha

Los estándares de rendimiento académico de la escuela secundaria en Latinoamérica están muy por debajo de los europeos, existen serias deficiencias y carencias en el sistema que, una vez en la universidad se harán obvias, lo que resultará en que muchos estudiantes abandonen la carrera sin haber llegado al tercer semestre. o que la culminen muchos años después de lo regularmente programado.

Bajo esta premisa, comienza un desafío que no sólo sería económico, sino también académico, más tarde, ambos irían muy de la mano y sería una de las experiencias más asombrosas que he tenido en mi vida.

Para pagar la universidad tuve varios trabajos, hubo una época en el que tenía dos trabajos, uno de lunes a viernes y otro los fines de semana, trabajé de recepcionista, secretaria, vendedora en una platería, operadora telefónica, incluso compraba bisutería y cosméticos al mayor y los vendía a mis amistades, vecinos y compañeros de clase, porque el dinero que ganaba no era suficiente.

Pasaban los semestres y entre ir a clases y trabajar, mi mente estaba dividida, no podía centrarme solo en estudiar, obligatoriamente tenía que trabajar, mi desempeño académico no era el mejor, tal vez era mejor en comparación con los que desertaron, los que se quedaron atrás en semestres precedentes, tuve dificultades con algunas materias, no me podía permitir pagar a un profesor particular, lo que resultó en que me retrasara un semestre.

Aunque me esforzaba en estudiar, tenía que elegir entre ser una buena estudiante o pagar la universidad, las dos cosas no solo no podían salir bien, es que además ambas eran demasiado para mí. Por una parte, no estaba satisfecha con mi rendimiento académico y por otra, me costaba mucho pagar las cuotas semestrales de la universidad.

Dicen que, la universidad es donde se encuentran los pobres y los ricos, y si, me encontré con hijos de empresarios, militares, políticos, modelos, artistas, comerciantes, y los más modestos eran hijos de profesionales y empleados públicos. No entraba en ninguna de estas categorías.

Los momentos de sufrimiento, no suelo compartirlos con ninguna persona, pero las madres quien inevitablemente conocen los sufrimientos de los hijos se dan a la tarea de hacer cosas para ayudar, la manera de mi madre fue hablar de mi situación con quienes encontraba en el camino, consiguió una donación de la cual estuve muy agradecida y dos pequeños préstamos que me ayudaron en su momento a pagar la universidad, deudas que más tarde tuve que pagar.

Una vez, solicité a un Organismo del Estado un préstamo para financiar mis estudios universitarios, para acceder a él, los aspirantes tenían que presentar un examen de aptitud académica y un fiador,  nadie en mi familia calificaba para ser el fiador, el papá de una amiga propietario de una fábrica aceptó ser mi fiador. Aprobé el examen,  reuní toda la documentación del fiador. Resultado: solicitud rechazada, fiador NO APTO.

Durante esos años de estudio, estuve asistiendo a una iglesia cristiana que años más tarde descubriría que era una iglesia predicadora del evangelio de la prosperidad. Observaba algunas cosas extrañas en la doctrina y en la forma de vivir del pastor, pero no quería dar lugar a la duda y traté de ser fiel manteniéndome ahí.

Recuerdo una vez, que el pastor comenzó hablar de su viaje de vacaciones a Disney y su relato me hizo sentir tan miserable, me sentía tan agobiada pagando la universidad, ayudando económicamente a mi familia, me sentía sola y sin apoyo, en mi necesidad y debilidad me comparé con él.

A pesar de asistir a una iglesia de ese tipo, Dios estaba echando fundamentos en mí, yo creía que si yo me acercaba a Él y le compartía mi sufrimiento, Él me ayudaría.

Graduación

Conforme pasaba el tiempo, llegué al último semestre y la estocada final.

Culminado el décimo semestre, terminada la carrera, había superado el desafío académico pero no el económico, ya que, me faltaba la constancia de solvencia económica y presentarla en el acto de grado, tenía deudas con la universidad, eso representaba una cantidad importante de dinero, el cual no tenía.

El sufrimiento que había tenido pagando los semestres anteriores se había acrecentado, me había costado mucho llegar hasta el final, pero sin solvencia económica no había acto de grado, a esa altura no podía más.

Cuando eres pobre, normalmente tus allegados también lo son, no es mucho lo que ellos pueden hacer por tí, así que no te puedes apoyar ahí. Hablé con Dios, le dije “lo he dado todo y no tengo más para dar”, le supliqué “ayúdame tú, tú eres mi carta bajo la manga”. Muchas veces le dije esto en oración.

Dos días antes de mi acto de grado, me dirigí a la taquilla administrativa de la universidad, con mi carta bajo la manga, así llamé mi fe en Dios, para entonces, generalmente era un lugar concurrido, filas de estudiantes para pagar. Pero ese día, una mañana tranquila, curiosamente no había nadie, tal vez, ya había pasado el periodo de inscripciones, se encontraba la responsable atendiendo la taquilla, recuerdo que era una mujer madura con lentes, blanca, cabello castaño, baja estatura, le dije “debo firmar mi acto de grado en dos días, no tengo la solvencia económica para presentar ese día, porque no tengo dinero para pagar”, mientras decía esto, lágrimas salían desde mi corazón a mis ojos, no podía pararlas, ellas estaban ahí saliendo desde lo más profundo de mi ser, tenía 23 años cuando esto ocurrió, caí y me quebré, esta mujer me respondió “espera” y entró a una oficina y a puerta cerrada, no sé qué hizo, pero la ví salir a los minutos con un papel en la mano y me dijo “te vas a graduar, esta es tu solvencia económica”.

Dios, el Todopoderoso ha hecho milagros tan asombrosos en mi vida, pero este, especialmente me marcó, al ver su mano y hacer lo que yo no pude hacer. Él me dió la victoria en una de las luchas más grandes que he tenido en mi vida, sufrí, lloré, supliqué su ayuda…y Él estuvo ahí, en el momento más crucial, en donde yo no pude más, y solo me entregué sin saber si Él lo haría, y Él lo hizo.

Desafío académico y económico superado.

iHasta la próxima!

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