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Me negaron la visa americana

En esta oportunidad, cuento la historia de cuando me negaron la visa americana y cómo once años después pude ir por primera vez a Estados Unidos.

En ciertos círculos sociales de Latinoamérica es muy común hablar sobre la visa americana, escuchas decir me dieron la visa, me voy de vacaciones a EE.UU, gente que entra y sale de ese país como entrar y salir de su casa, parece tan fácil, hasta que nos damos cuenta que lo que es común para ciertas personas, para otras es casi imposible.

En determinados momentos de la vida, la ignorancia nos hace ilusionarnos con cosas que no están al alcance de nuestras manos y aquí comienza mi historia.

Hacerse ilusiones

La televisión Latinoamericana está llena de programas, series y películas americanas, así que para nosotros los latinos nos es tan familiar y cercano, pero la realidad es que está muy lejos, eso porque justamente ese país no es cualquier país, no importa cuanto lo queramos rebajar para no hacerlo ver tan importante, lo cierto es que es un imperio.

Nunca me había pasado por la mente seriamente ir a los EE.UU, varias de mis amistades iban a menudo, una de ellas ya se había residenciado ahí, manteníamos el contacto y me invitó a ir de vacaciones, acepté la invitación y comencé a tramitar la solicitud.

En aquel momento, era soltera, nunca había viajado al exterior, no tenía propiedades de ningún tipo, excepto el carrito que usaba para ir a trabajar, tenía un trabajo estable y apenas unos ahorros para comprarme el pasaje, porque no había nada más. Aún en esta condición viajar a los EE.UU me hacía ilusión, había visto una oportunidad que mi familia no me iba a ofrecer jamás.

La cita en la embajada

La embajada se ubicaba en un lugar exclusivo de la ciudad, mi cita era muy temprano, no sabía cómo llegar en carro y dónde estacionar, decidí tomar un taxi, no podía permitirme llegar tarde. Cometí el error de llevarme el teléfono celular, estaba prohibido llevarlo a la cita, no sabía con quién dejarlo y se me ocurrió esconderlo en un macetero externo con la esperanza de no perderlo al terminar.

Visa negada

Acercándose mi turno para la entrevista con el funcionario, escuchaba a la gente comentar sobre la aprobación de su visa y cómo en algunos días le llegaría a su casa el pasaporte con la misma.

Llegado mi turno, mi entrevista fue muy corta, dos preguntas, para mí nada qué persuadir y para el funcionario muy fácil de deducir, la respuesta fue visa negada.

Salí de ahí helada y temblando, encontré mi celular dónde lo había dejado, tomé un taxi y me fui a trabajar. En el taxi, me desplomé y rompí a llorar.

Han habido otros rechazos en mi vida, pero este ha sido muy especial, había tenido la osadía de ilusionarme con un viaje y de solicitar una visa sin tener en cuenta mi condición, y esto resultó en humillación.

No solo era una osadía viajar a Estados Unidos, incluso viajar a otro país de Latinoamérica lo era también, si bien, la visa no es un problema, si los recursos que vas a necesitar para llevar adelante un viaje. Por una parte, recursos económicos y por otra, conocimientos, después de todo, hay que saber viajar.

Lo imposible se hizo posible

Pasaron los años, hubo momentos en los que me pregunté si esa suerte podía cambiar, lo impactante que eso sería para mí, si un NO se volviera un SÍ, pero no me hacía ilusiones y había decidido que por mi cuenta no lo volvería a intentar.

Once años después me encuentro en un nuevo escenario, un nuevo país y un nuevo pasaporte, un marido, una hija, otro trabajo, otra condición y la invitación de mi marido que me decía te regalo un viaje a la costa este de Estados Unidos.

Me hice ciudadana italiana, con el pasaporte italiano no necesito visa, solicité un ESTA a través de internet que me aprobaron en 48 horas, en 22 días de viaje conocí Houston, Nueva Orleans, Memphis, Nashville, Filadelfia, Washington DC y Nueva York.

Hacer este viaje precisó dinero, un minucioso plan de viaje, alquilar un vehículo, una licencia de conducir internacional, la conocida guía de viaje de Lonely Planet, estar en buena forma física y experiencia previa como viajador.

Estoy agradecida con Dios por esa visa negada, seguramente me salvó de una mala experiencia de viaje, el deseo de viajar e ir a cualquier lugar del mundo requiere recursos, preparación y conocimiento y  yo no tenía nada de lo anterior, ni siquiera nadie que me lo dijera.

El que lo imposible se haga posible no es magia, es un proceso en el que se ordenan todas las cosas necesarias para que se lleve a cabo, hay que estar involucrada en el proceso y hay que esperar que se complete, yo esperé once años.

iHasta la próxima!