Juventud,  Mis historias

La primera relación de noviazgo

A continuación relato la primera relación de noviazgo que tuve con un muchacho que terminó abandonándome sin darme ninguna explicación.

Estudiamos en el mismo liceo, teníamos una diferencia de edad de casi dos años, nos conocíamos de vista pero no de trato, hasta que terminamos el liceo y ya estábamos en la universidad.

Entramos en contacto a través de mi hermana quien nos presentó y con las referencias que me dio sobre él, las cuales influyeron en mí, comenzamos a hablar por teléfono y tiempo después empezamos a salir.

En aquel momento tenía 19 años, lo que empezó con llamadas telefónicas y salidas ocasionales terminó en una relación de noviazgo.

Lo llevé a casa y le presenté a mis padres, también le presenté a mis amigas luego que dejara su universidad y se inscribiera no solo en la mía sino también en la misma facultad.

Vivíamos en lugares opuestos de la ciudad, sin embargo, él pasaba por mi casa a recogerme y de ahí a la universidad. Nos veíamos todos los días y pasábamos todo el día juntos.

Hablábamos a menudo de casarnos y cómo sería nuestras vidas cuando fuéramos viejos.

No escatimaba en gastos, era muy generoso haciéndome regalos, por un momento entendí que estábamos muy enamorados.

El punto de quiebre

Al principio me sentía enamorada y todo me parecía bien, hasta que pasó algo muy importante en mi vida, mi primer encuentro con Dios se estaba concretando y por ese encuentro estaba desesperada.

Comienzo a asistir a una iglesia pentecostal y a las reuniones de estudios bíblicos, poco tiempo después decidí bautizarme, este muchacho al ver los pasos que yo estaba dando decide seguirme y toma también la decisión de bautizarse.

Conforme pasaba el tiempo y a la luz de la palabra era confrontada, porque no observaba sus mandamientos para vivir conforme a ellos y eso no me daba paz.

Desde que tenía uso de razón había creído en Dios pero hasta ese momento nunca había atendido a sus mandamientos, la luz iniciaba a alumbrarme para hacerme ver el camino oscuro y torcido en el que yo andaba.

Quería hacer caso e intenté tomar con seriedad este asunto, no pasó mucho tiempo para notar que la actitud de este muchacho para conmigo estaba cambiando. En una de esas discusiones que solíamos tener por diferencias de parecer, se fue de mi casa y nunca más volvió, así como tampoco regresó a la iglesia.

El dolor

Pasé por tanto dolor que pensé que no lo podía soportar, una relación que había prometido amor y no hubo compasión al terminar, sin ninguna explicación.

El dolor fue tan grande que ni antes ni después sufrí ese dolor, una herida que me desgarró el corazón a los 21 años.

Dejé de ir a la universidad por un tiempo, dejé de frecuentar a mis amistades, aún cuando no podía sostenerme en pie no dejé de ir a la iglesia, porque sin yo saberlo, una verdadera historia de amor estaba naciendo, ese amor que conquistaría mi corazón y que años después me haría correr en el camino de sus mandamientos.

Un verdadero amor que permanecería invicto en las próximas falsas promesas de amor.

¡Hasta la próxima!

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