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Experiencia con una operación de miomas

La historia de hoy es sobre cómo viví la experiencia de una operación de miomas.

Antecedentes

En el año 2008 en un control ginecológico de rutina me detectaron un mioma de aproximadamente 5 cms, el médico me indicó que no era necesario intervenirlo, ya que, era de naturaleza benigno y común en muchas mujeres.

Algunos años después en otro control ginecológico el médico evidenció la presencia de este mioma y me indicó que un posible embarazo  alteraría su tamaño, ya que las condiciones hormonales propiciaban su crecimiento.

La decisión de operar

Aproximadamente tres años posteriores a esta última consulta quedo embarazada y entrando a la quinta semana tengo un aborto espontáneo, el médico tratante me informa no solo de la pérdida sino que además observaba muchos miomas de diferentes tamaños y el más grande medía 9 cms, el recomendaba operar aunque eso significara la dificultad futura de quedar embarazada.

En Italia, el sistema de salud es público y convive con el sistema privado, opté por el sistema público y como mi intervención no era urgente me ingresaron a una lista de espera para la operación, esperé alrededor de seis meses.

Me hicieron los exámenes pre-operatorios y a los tres días me ingresaron. Se llevó a cabo la operación, una vez que desperté sentí un dolor tan profundo que comencé a gritar desesperadamente, inmediatamente la enfermera me inyectó un calmante, pasé tres días en ayuno porque quedé muy inflamada, el comer me provocaría vómitos me indicó el médico.

Quedé tan lastimada y débil de esa operación que por dos días no pude levantarme de la cama, como no tenía un familiar conmigo pedí el favor a la enfermera que me vistiera, cuando pude levantarme para ir al baño no tenía fuerzas para sostenerme en pie, me apoyaba del portasueros y arrastraba los pies, comprendí lo que significaba carecer completamente de fuerzas para movimientos que parecen tan naturales e intuitivos.

Después de siete días en el hospital me dieron de alta, el día de salida esperando que el médico firmara el alta casi me desmayo, no tenía las fuerzas mínimas necesarias para permanecer de pie ni siquiera 15 segundos.

La recuperación

El día que vuelvo a casa, encuentro que mi esposo tenía la maleta preparada para irse al día siguiente a Madagascar, no lo podía creer, la esperanza de que este viaje programado con antelación pudiera anularse a consecuencia de una operación que el médico sin prever asignó para el mismo periodo me pondría en dificultad. Después de todo, mi esposo tenía un compromiso, el cual tenía que cumplir, con eso en mente se fue de viaje.

Estar en otro país, sin ayuda de un familiar, recién operada, con una adolescente en la escuela media y un perro en casa era demasiado para mí.

Lo primero que tuve que hacer fue aprender a inyectarme sola anticoagulantes porque no conocía a nadie que viniera a casa hacerme esto, después tuve que sacar fuerzas de dónde no las tenía para conducir sola hasta el hospital a que me retiraran los puntos y controlaran si todo estaba bien, luego sacar a la calle a un perro estresado por hacer sus necesidades porque mi hija estaba en clases.

Por momentos pensaba si estar casada tenía sentido, y sinceramente en las condiciones en las que me encontraba mi respuesta era “este matrimonio no tiene sentido”. Sin embargo, no ahondé en estos pensamientos porque me sentía tan débil que cualquier otra cosa era secundario.

Casi un mes después regresó mi marido, estaba un poco más recuperada pero no del todo, había bajado mucho de peso y aún me sentía débil.

Pasaron tres meses para recuperarme del todo, habrán cuerpos que toleran mejor estas intervenciones pero mi proceso fue más lento, un ulterior control médico indicó que todo estaba bien.

Esta experiencia me dejó que tienes que aprender hacer cosas por tu cuenta y hacer frente a ciertas circunstancias en soledad prestando atención al peligro que pueda derivar de esos riesgos, por último, pasar por alto algunos dolores emocionales.

¡Hasta la próxima!