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Cuando el corazón ni la gracia están en este camino

A veces tenemos el atrevimiento de estudiar o hacer cosas a las cuales no hemos sido llamados. Esta es una historia estudiando para ser modelo que no llegó hasta el final.

Corazón y esfuerzo me acompañaron durante los años que estudié ballet clásico, pero al no tener las condiciones físicas llegó el inevitable rechazo para convertirme en una bailarina de ballet, entonces entendí que por ahí no era el camino que debía seguir.

Mi madre pensó que como mi primer trabajo había sido como modelo para una fábrica de ropa yo podía continuar por ese camino y me inscribió en una academia de modelaje, la cual una vez terminado el curso, me llevó a una profesional donde iban futuras misses.

Yo versus lo que debe ser una modelo

Cuando comencé la academia tenía 15 años, era la más pequeña del grupo, no solo en edad, sino en estatura y en mentalidad, mis compañeras estaban entre los 18 y 21 años.

Iba a una academia bastante reconocida, porque de ahí salían varias misses para el Miss Venezuela, en el año que estudié salieron dos.

Para esa época la preparación de una modelo estaba basada en un programa que implicaba trabajar en su apariencia, técnicas de pasarela, etiqueta y protocolo, etc. Toda esa preparación se fundamentaba en un requisito sine qua non de una aspirante a modelo y era una fórmula entre belleza y proporción, fórmula de la cual yo carecía.

El mundo del modelaje desde hace mucho tiempo definió sus estándares de belleza, aunque haya voces disonantes al respecto, las reglas están fijadas.

La belleza no juega sola, también se necesita gracia. Por lo tanto, no tenía la suficiente belleza y aunque después de todo esto habría podido ser ayudado, no tenía una pizca de gracia, me sentía ajena, simplemente no pertenecía.

Parar a tiempo

Al final del curso, todas las aspirantes a modelo se preparaban para desfilar en un evento organizado por la academia en un centro nocturno.

Terminé el curso, me abstuve de participar en el evento final, aprendí que hay lugares en el que no debo estar y a notar cuando mi corazón no está.

Una nueva desilusión para mi madre y en cuanto a mí seguir andando porque tampoco el camino era por ahí.

¡Hasta la próxima!