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Cuando llegó el momento de renunciar a algunas amistades

A continuación relato lo que pasó cuando después de muchos años de amistad decidí alejarme de un grupo de amigas.

Estudiábamos juntas en el liceo, compartíamos muchas cosas dentro y fuera del aula de clase, tareas y trabajos de investigación, así como cumpleaños, salidas, encuentros y reuniones que a menudo teníamos en nuestras casas.

Una vez graduadas de bachiller, comenzamos la universidad y continuaba la amistad, en nuestras agendas los cumpleaños, encuentros y reuniones seguían teniendo lugar.

De chicas adolescentes a jóvenes adultas fuimos compartiendo  mientras íbamos creciendo.

Era un grupo bastante homogéneo donde prevalecía la confianza, la suficiente para hablar a la cara lo que se pensaba, al punto de la imprudencia. Al ver atrás reflexiono sobre cuántas conversaciones estuvieron fuera de lugar, la pobreza de la ignorancia expresándose sin parar.

Los años fueron pasando, fui una de las primeras en terminar la universidad y comenzar un trabajo formal. Los noviazgos de algunas se hicieron serios y terminaron en matrimonio, así cada una fue tomando su camino.

Los encuentros y reuniones continuaron, siempre había algo que celebrar, o un encuentro para simplemente actualizarnos.

Pero un día me di cuenta que no me apetecía seguir asistiendo a esas reuniones, no quería seguir sosteniendo conversaciones que no solo no tenían sentido para mí, sino que además no me dejaban nada. Llegaba vacía a un encuentro entre amigas y de ahí salía vacía y triste, algo estaba pasando dentro de mí. Deseaba que sucediera algo en mi vida, algo que me hiciera trascender como persona, fue cuando después de mucho pensar en ello, supe que permanecer ahí, eso no iba a suceder.

El vacío de mi corazón, ellas no lo podían llenar, no era el lugar para saciar mis carencias espirituales e intelectuales, para mí todo se reducía a una sola palabra “vanidad”.

Decidí abandonar el grupo, al principio las excusas me ayudaron a evadir los compromisos, hasta que se hizo insostenible, una de ellas con intuición me constriñó y tuve que decir la verdad, eso bastó para que ella se lo comunicara a las demás.

Hacer esto no fue fácil, después de tantos años de amistad y camaradería entendí que tenía que parar, yo buscaba una amistad superior, que ninguna persona me podía dar.

Estaba hastiada de lo superficial, buscaba una amistad de verdad, no sabía si la encontraría, pero aún así decidí renunciar a la superficial y ahí en soledad tuve que esperar.

Por un largo tiempo caminé con la soledad, de capas, capas y capas ella fue despojándome, haciéndome ver más y más mi necesidad de una verdadera amistad.

Al final, llegó lo que tanto necesitaba, por lo que había desfallecido mi corazón, una relación real que alimenta, que sacia, que cuando voy a Él en su sabiduría me aconseja, me enseña. No es cualquier amistad, es la mejor que cualquier ser humano puede encontrar.

Desde entonces, esa amistad me llena tanto, que no necesito nada más.

¡Hasta la próxima!