Juventud,  Mis historias

Mi primer trabajo como ingeniero

Un trabajo interesante, inestable y un salario de subsistencia. Esta es la historia de mi primer trabajo profesional.

Hice las pasantías y el trabajo especial de grado para la empresa estatal que maneja el sistema de producción y distribución de agua en Caracas, una vez terminado mi empleo de pasante, me propusieron quedarme a trabajar  en la unidad de seguridad industrial, presenté el examen de ingreso y la entrevista con el psicólogo, para proseguir con el ingreso, la supervisora me informa que se necesitaba el apoyo de un miembro del sindicato de trabajadores que me apadrinara, sin ese apoyo no era posible optar por el puesto de trabajo, así que la situación era más que clara, al no conocer a ninguna persona del sindicato se suspendió mi ingreso y me quedé sin el puesto trabajo.

Esta experiencia era mi única carta de presentación para optar por un trabajo como ingeniero en cualquier otro lugar, la cual no prometía mucho.

No pasó mucho tiempo cuando recibí la propuesta de trabajar con un contrato a tiempo determinado en un organismo ministerial. Una propuesta que dependió de las influencias que ejerció una persona empleada en un cargo clave y de no haber sido así no habría entrado.

Entre los ingenieros era una de las pocas mujeres, sin experiencia e indudablemente la más joven, una gran desventaja para desenvolverse en un escenario como ese.

Aún cuando el conjunto de oficinas en general era limpio, el ambiente era realmente feo y un mobiliario bastante antiguo. En cuanto al personal, tal y como sucede en todo lugar de trabajo, había todo tipo de gente, los malos, los no tan malos, los buenos y los bastante buenos, pero especialmente tuve que tratar con los dos extremos, como los bastante buenos y los malos, y entre uno de los malos poner mis ojos, pero eso es otra historia.

Pasé dos meses tratando de descubrir el trabajo que tenía que hacer, porque desde el inicio no recibí instrucciones que precisaran, describiera y delimitaran mis funciones, un patrón recurrente, incluso en trabajos que he realizado en Italia.

Hasta que fui transferida al que sería un estupendo puesto de trabajo que me llevaría a conocer la esencia de la profesión, ahí dio inicio la acción.

Trabajaba con equipos multidisciplinarios, poco a poco iba ganando experiencia y aprendía a tener voz, así que todo aquello que había aprendido en la universidad me parecía nada, respecto a lo que estaba aprendiendo inmersa en el mundo del trabajo, pero a su vez sistemas y teorías que no se podían aplicar porque prevalecían otras metodologías de trabajo.

Me encantan las organizaciones, los sistemas, las metodologías, los procesos, las estructuras, los lineamientos y planes para el desarrollo de proyectos, el control y seguimiento de los mismos. Sin embargo, mi área de trabajo se enfocaba en el control y penalización, la realidad de esto es la intervención constante de variables que terminan en resultados indeseables. Cuando se trabaja en estas condiciones, esto puede ser frustrante, extenuante e incluso sin sentido.

Mi salario no respondía a grandes expectativas, lo necesario para llevar dinero a mi casa y salir a comer con una compañera a un fast food, contra todo pronóstico pude cumplir un deseo que desde niña había deseado y esto es otro patrón recurrente en mi vida, lograr hacer cosas que mis salarios no pueden pagar.

Después de dos años de haber iniciado este trabajo, una mañana de enero recibo una carta inesperada que decía “su contrato de trabajo se ha vencido y no será renovado, gracias por sus servicios”.

Me fui a casa llorando, me había quedado sin trabajo, seis kilos menos, confundida, decepcionada y de un salario de subsistencia a sin salario, y los difíciles meses que me esperaban hasta el siguiente trabajo.

¡Hasta la próxima!

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