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Cómo me curé de una sinusitis crónica

En esta entrega hablaré sobre cómo esta enfermedad me mantuvo esclavizada por muchos años a antialérgicos y gotas descongestionantes hasta que perdieron su efecto y con ello, el imparable colapso.

Condición médica

Todo comienza cuando tenía 20 años, lo que parecían ser síntomas de gripe con los días no solo no pasaban sino que en las sucesivas semanas se vería en una asegurada y consistente congestión nasal.

Una persistente congestión nasal puede arruinar la paz de tu día a día, ante la desesperación comencé a suministrarme gotas para la descongestión nasal, las cuales tenía que reutilizar cada cuatro horas porque pasaba el efecto, los próximos once años me acompañarían a todas partes, porque sin ellas no podía comer, dormir ni estudiar, mi nariz estaba completamente obstruida, no pasaba ni un hilo de aire, la descongestión nunca cedió, solo bajo los efectos de las gotas.

Para este tipo de mal, los médicos me recomendaban una intervención quirúrgica, con el propósito de limpiar los senos paranasales y mantener bajo control los síntomas con antialérgicos. Tenía un gran problema, no tenía dinero para operarme y tampoco tenía un seguro. Así que, terminé esperando años hasta tener un contrato de trabajo que me ofreciera un seguro médico.

Once años de adicción a las gotas nasales cesaron una vez que pude operarme. Los primeros tres días del post-operatorio son muy dificiles porque debes permanecer con una gasa en el interior de la nariz para detener una hemorragia, tres días que duplicaron mi sufrimiento porque a causa de la gasa no podía aplicarme las gotas para siquiera dormir un poco, cuando comenzaba a dormirme despertaba desesperada ahogándome, así que experimenté lo que era no dormir durante tres días seguidos hasta que las gasas fueron retiradas.

Una mejora pero no la cura

Mi condición mejoró significativamente. Sin embargo, la advertencia médica estaba presente, yo era alérgica y aunque me podía deshacer por un largo periodo de las gotas nasales, los antialérgicos me debían acompañar de por vida. Mi calidad de vida mejoró, y cuando se aproximaban las crisis alérgicas, los antialérgicos eran los salvavidas. Así estuve los  próximos siete años, hasta que mi condición empeoró hasta el punto que los antialérgicos no hacían ningún efecto.

Dos años después de venir a vivir a Italia, observé que la estación de primavera era para mí el periodo más terrible del año, mis crisis alérgicas eran tan potentes que no me dejaban vivir. Por una parte, mi nariz estaba completamente obstruida, y por otra se presentaron síntomas nuevos que antes no había experimentado, el ardor de mi garganta era insoportable, la secreción nasal que bajaba por mi nariz me quemaba la garganta y la enrojecía, no podía comer por el dolor y además la dificultad que tenía para comer y dejar pasar aire al mismo tiempo, sentía que me ahogaba, tampoco podía dormir, así que comencé de nuevo con mucho miedo a utilizar las gotas pero no quería volver atrás a la adicción, me ayudaba tomando vapor con el eucalipto, me hacía lavados de nariz, tomaba infusiones de jengibre y cúrcuma, pero nada tenía efecto duradero y estable sobre mí. Otro síntoma significativo era en los ojos, tenía prurito, me lloraban y me salían costras en los párpados, esto ya no se parecía a lo que a mis 20 años había vivido, era más terrible de lo que había experimentado antes y esto no podía ser normal, algo estaba pasando, pero no sabía que era. El médico me recetaba cada año antialérgicos más fuertes hasta llegar a recetar cortisona.  Así pasé las siguientes cinco primaveras.

Dar con la causa

Había llegado el momento de hacer algo, no quería continuar en ese vacío de no entender lo que tenía.

Comencé a investigar y la información que encontraba la confrontaba con la precedente, observé coincidencias en muchas de las teorías que tratan el tema de la nutrición y su relación con la salud, cosas como los aditivos químicos de la comida procesada, su bajo valor nutricional, sensibilidad al gluten contentivo en un ingrediente tan presente en muchos alimentos como es la harina de trigo, como el índice glucémico de determinados alimentos  afectan nuestro cuerpo, etc.

Era de las que solía comer de todo, hacía ejercicios y me jactaba de ser delgada, así que controlar mi peso y hacer dieta nunca estuvo dentro de mis objetivos, pero ante un panorama como este, decidí experimentar eliminando algunos alimentos, no tenía nada que perder y tal vez podía ganar y mucho si mejoraba mi salud.

El primer alimento que eliminé fue la leche y sus derivados, siguieron todos los alimentos que tenían harina de trigo en su composición y el azúcar blanca refinada. Desde luego, todos esos productos ultraprocesados de los supermercados estaban prohibidos, ya que, la gran mayoría de sus componentes tienen en una mayor o menor medida los ingredientes antes mencionados.

No pasó mucho tiempo, cuando empecé a notar cambios, la mayoría de los síntomas se fueron atenuando poco a poco hasta desaparecer.

Comencé a entender más mi cuerpo y  pude confirmar por mi misma que tienen un impacto muy negativo en él.

Había descubierto que el gluten es veneno para mí, que no solo creaba tal nivel de inflamación en los senos paranasales, sino también en mis periodos acompañados con dolor, infección urinaria durante años, en las articulaciones, incluso períodos breves en los que mi mente se ponía en blanco.

La cura

Estoy maravillada de la primavera que estoy viviendo hoy, no tengo sinusitis, ni ningún síntoma  al respecto, respiro perfectamente, no tomo ningún tipo de medicinas.

Aprendí que Dios puede hacer milagros de muchas formas diferentes, sé que puede sanar instantáneamente y con esto que he vivido ahora sé que nos puede sanar involucrándonos en el proceso, haciéndonos llegar a la causa y comprometiéndonos con la solución. Aprendí lo importante que es el conocimiento y que Dios nos haga llegar a él para que podamos entender cómo vivir la vida y ser prudentes.

Una vez más, eso me maravilla de Él.

iHasta pronto!

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