Adultez,  Mis historias

Mi primer viaje al exterior

El escenario en el que pude realizar mi primer viaje al exterior y cómo el esfuerzo para llevarlo a cabo no dio buenas recompensas, esta es la historia.

En este escenario obra un personaje que tiene un rol principal, ella es fuerte y eficaz en su trabajo, lo hace muy bien. Es alta y corpulenta, sus manos grandes arrebatan con ira los sueños y deseos más profundos cuyos corazones albergan. Se le ha dado poder y no tiene piedad, se llama Pobreza.

He aspirado a alcanzar propósitos y metas que la gente de la clase social de la que provengo yo, no tienen acceso a ellas, ni tienen en el mínimo sentido permitidas. Suena áspero y duro, pero es aún más cuando luchas contra las fuerzas de la Pobreza que se resisten con impetuoso furor a cederte el camino para crecer y avanzar en la vida.

Hay otros personajes con roles más pequeños, se llaman Trabajo y Sueños, es curioso que Trabajo tenga carácter singular porque se presenta solo, sea bueno o sea malo es todo lo que hay, pero Sueños es pluridimensional, tiene varias dimensiones y aspectos. Los dos, Trabajo y Sueños son pequeños pero tenaces y eso les da poder.

Planificación 

En ese contexto, ideé mi viaje a Aruba, una pequeña isla ubicada en el noroeste de Venezuela, tutelada por los Países Bajos.

Después de cumplir con todas las obligaciones económicas que tenía, cada mes ahorraba el dinero que me quedaba, así pasaron meses, hasta que finalmente pude tener la cantidad necesaria para comprar los pasajes tanto para mi hija como para mi y pasar allí solo un fin de semana.

Cometí varios errores en el proceso, el primero de ellos, es la época que elegí para ir, la cual era temporada alta, así que los precios del hospedaje eran altos, después la cantidad holgada de dinero que tenía que llevar para pagar un depósito de seguro del hotel más los impuestos de salida en el aeropuerto, y mi presupuesto era bastante limitado. Por último, nunca pasó por mi mente que viajar con una niña un fin de semana requeriría mínimo algunos implementos de primeros auxilios y medicina.

El viaje

Para muchos venezolanos ir a Aruba era una actividad de un habitual fin de semana de playa, fiesta e ir de compras, para muchos otros era impensable, aún su cercanía con Venezuela y para otros un sueño por lo que se paga un alto precio y mucho esfuerzo.

Todo era nuevo para mí, el aeropuerto internacional, la clase media y alta que me encontraba en el avión, los arubanos que me encontraba apenas llegué a la isla, los turistas europeos que me encontré en el hotel, todo eso era parte de la experiencia de viaje.

Una vez registradas en el hotel, mi hija y yo nos dirigimos al centro a comer, regresamos al hotel. Cayó la tarde y salimos a un mercado nocturno y ahí un importante personaje llamado Dificultad hizo acto de presencia.

Mi hija que para ese entonces tenía 6 años comenzó a sentirse mal, no quería caminar y se quejaba, pero no sabía hasta dónde llegaría esa indisposición hasta el día siguiente cuando empezó a subirle la fiebre. Pude comprar medicina para la fiebre en la farmacia del hotel y una vez suministrada nos fuimos a la playa, pero lamentablemente la fiebre volvía y comenzaron los vómitos, era indudable la fuerte presencia de Dificultad, dispuesta a no dejarme pasar un fin de semana tranquila.

No pasamos mucho tiempo en la playa cuando tuvimos que regresar a la habitación del hotel, era nuestro segundo día en Aruba, apenas se habían cumplido 24 horas de haber llegado, un bello día soleado, una playas preciosas, pero mi hija se había enfermado, la fiebre y los vómitos no pararon, a tal punto que no pude salir más de la habitación hasta el día domingo que teníamos que subirnos al avión para regresar a casa.

Regreso a casa

Ser una madre soltera, tiene muchas dificultades, entre ellas hacer frente sola a las enfermedades y lo que eso implica. Mi hija estaba tan débil que no podía caminar, cargarla y llevar la maleta y un bolso era tan difícil para mí que no sabía cómo en esas condiciones podríamos llegar a casa.

Ciertamente un taxi ayuda mucho, pero subir y bajar de un avión y cruzar un aeropuerto requieren manos extras que ayuden, y yo estaba allí viviendo el significado de ser una madre sola, de ese modo me hablaba Dificultad.

Cuando Dificultad me laceraba la cara, me acordé que Dios me había dado un papá y que sus manos liberarían las mías en momentos de gran dificultad. Así que lo llamé para que me encontrara en el aeropuerto de llegada y su amor le respondió a una  hija y a una nieta que salieron emocionadas a un viaje y regresaron sin poder disfrutarlo.

Hay esfuerzos que no tienen recompensas y dificultades que requieren esfuerzo para superarlas. Un rayo de luz te puede dar la respuesta.

¡Hasta la próxima!

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