Adultez,  Mis historias

Bien por mal

La historia de hoy se trata de un fuerte enfrentamiento con una compañera de trabajo que me dejó mucho tiempo afligida.

Corrían aquellos tiempos donde trabajaba como ingeniero en mi país de origen Venezuela, el equipo de trabajo estaba compuesto por arquitectos, geógrafos, economistas e ingenieros. Teníamos años trabajando juntos, ocasiones en las que trabajamos fines de semana o terminábamos la jornada de trabajo a medianoche, viajes de trabajo o las reuniones y eventos que compartimos fuera del mismo, así que nos conocíamos bastante bien, como es natural el equipo se dividía en subgrupos según cómo nos relacionábamos unos con otros.

Desde un principio me pude dar cuenta que mi relación con un grupo de arquitectas no fluía tan bien como con el resto de los colegas. Se me hacía difícil compartir en algunas conversaciones, discutir sobre determinados argumentos y escuchar comentarios en los que se podía entrever aspectos que no iban absolutamente con mi manera de pensar. Así que, mi relación se limitaba exclusivamente al campo laboral y a breves conversaciones sociales en las que cuidaba lo que decía para evitar que mis palabras fueran sacadas de contexto y utilizadas en mi contra, así pasaron unos cuantos años, manteniéndome alerta  de cómo tratar con ellas, hasta que un día, una actitud relajada o un descuido de mi parte encendió un feroz fuego.

Una mañana cualquiera, empezando la jornada laboral, me encuentro con una de ellas en la oficina, dejo mi bolso en mi módulo de trabajo y voy a firmar el registro de asistencia, instrumento utilizado para controlar la asistencia de los empleados y sus respectivos horarios de llegada.

Así que, en un descuido mío, no advertí que ella no había firmado y sin reaccionar a ese hecho, firmé. Minutos después entra a mi oficina hecha una fiera y a gritos porque había firmado antes que ella, nunca la había visto en ese estado, sentía como la fuerza del viento me cruzaba la cara producto de la agitación de sus manos a milímetros de distancia. Sus palabras eran como golpes de espada que me acusaban, golpeaban sin cesar hasta cortarme. Intenté hablar, pero había sido tan vapuleada, que no pude siquiera defenderme.

En el pasado había vivido agresiones personales, recuerdo cuando una vez saliendo del taller mecánico dónde había dejado mi automóvil me encontré con la mujer del mecánico y sin mediar palabras me abofeteó la cara y siguió su camino, me quedé sin entender nada, después en otra ocasión una indigente pasó por mi lado y me tiró de los cabellos y también siguió su camino, tuve que soportarlo, ahora era una arquitecta y esta vez tampoco pude hacer nada sino soportar todo este mal.

Me dolía todo lo que había sucedido, no podía creer lo que había pasado solo por una firma en el momento y espacio equivocado, si tal vez no hubiese bajado la guardia y hubiese sido tan atenta como solía hacerlo al tratar con ella y su clan, posiblemente nada de esto habría sucedido.

Mi corazón estaba muy dolido, me preguntaba muchas veces ¿por qué esto?, pero no pasó mucho tiempo cuando llevé este asunto a Dios, y le pedí lo siguiente: “Haz que yo pueda hacerle un favor importante, que yo le pueda hacer un bien”.

Tiempo después, aproximadamente dos o tres años de lo acontecido, donde se había perdido todo tipo de contacto y relación, sucedió lo asombroso, el vehículo de esta arquitecta estaba averiado y estaría así por unas cuantas semanas, para ella un vehículo era sumamente indispensable por razones personales y/o familiares, así que le urgía otro vehículo, y en mis manos estaba la respuesta que le resolvería el problema, así que no dudé ni un segundo en ayudarle, era el momento de hacerle bien. Le pude conseguir un vehículo por algunas semanas hasta que repararan su vehículo, esa era la respuesta a la petición que yo había hecho a Dios en medio de mi desconcierto y dolor, Él me había contestado.

Ese favor, resultó en un asombroso cambio, su trato hacia mí cambió radicalmente, comprendí que hay cosas malas que van a suceder y debemos soportarlas, escuchar esa voz sabia que nos dice que venzamos el mal con el bien, y que el momento de hacer ese bien llegará y no podemos desperdiciar ese momento.

¡Gracias por leer hasta el final esta historia!

¡Hasta la próxima!

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