Juventud,  Mis historias

Encontrar una piedra preciosa

Esta es una historia de amistad, habla sobre lo extraordinario que es encontrar una persona tan valiosa equiparable a una piedra preciosa, gozar de su amistad y después separarse de ella.

A lo largo de mi vida he tenido varias amistades, algunas de turno y otras más duraderas, algunas superficiales y otras profundas.

Me encontraba en un momento de mi vida, en el que creía tener buenas amigas, amables, simpáticas, trabajadoras, en algunos aspectos incompatibles, entre luces y sombras caminaba la amistad. Pero un día, encontré a alguien diferente, diría de otro nivel, como una joya oculta que es un privilegio conocer, llevaba a mi hija a una prueba para participar en un coro de la iglesia y en esa misma prueba participaba la hija de una joven madre, profesional, clase media y sobretodo una excelente hija de Dios.

Nuestras hijas quedaron en el coro y necesitaban prepararse para una presentación especial, así que cada sábado se reunían para los ensayos y de sábado a sábado fue creciendo nuestra amistad.

Mi amiga contrastaba con todas las amigas que había tenido antes, con la mayoría de la mujeres que conocía e incluso conmigo misma, de su boca no salían malas palabras ni el contenido de sus palabras era torcido, no se hallaba nada obsceno, sino palabras buenas y constructivas, llenas de rectitud y atención hacia el otro, en el tono de su voz no existía ira, cólera, ironía, burla, más bien serenidad y franqueza generosa, en su ropa no se marcaba sensualidad sino discreción, equilibrio y eso resultaba en buen gusto. Ella no se encontraba entre luces y sombras, ella era luz.

Al observar todo esto en una persona y como cada uno de estos elementos danzaban juntos sin contradicciones, me convencí de que era una maravillosa persona que tenía que valorar y mantener como amiga, hasta que un día le dije “me voy del país, porque me voy a casar”.

Después de nueve años de esa noticia, una amiga como esa no la he vuelto a encontrar, no importa cuán disponible esté, simplemente son joyas escondidas que Dios nos regala para mostrarnos lo que es bueno y gozarnos en esa amistad, en la distancia permanece la amistad, pero cuánto anhelo esos encuentros periódicos de largas, provechosas y refulgentes horas de conversación.

¡Qué maravillosa amistad!

¡Hasta la próxima!

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