Adultez,  Mis historias

Un largo y sinuoso camino

Una historia que habla de una excursión y la comparo con los días de oscuridad que nos acontecen a algunas personas, cuando el dolor toma el lugar de la alegría.

Hace unos días hice una excursión a pie por un sendero llamado “Via degli dei”, en español sería traducido como el “Camino de los dioses”, considerado por algunos excursionistas como uno de los senderos más bellos del mundo y está ubicado en la costa de Sorrento en la región de Campania, Italia.

Había escuchado la fama de este lugar por su maravillosa vista a la costa de Amalfi, pero no me había tomado la molestia de conocer más sobre él, lo único que conocía era que se caminaba aproximadamente siete kilómetros y que necesitaríamos unos zapatos de excursión, cosa que no me generó ningún tipo de inquietud teniendo presente las excursiones previamente hechas en otros lugares en el mundo.

De un tiempo para acá he estado rechazando invitaciones de viajes, paseos, excursiones, etc., pero después de decir tan a menudo no, era el momento de dar un sí, sólo que en ocasiones detrás de ese sí, hay mucha ignorancia.

Trataré de describir cómo esta excursión ha sido la más difícil de hacer en toda mi vida.

Pavimentado, ancho, suaves desniveles y vistas panorámicas, ese era el comienzo de un sugerente camino que invitaba a continuar en él, hasta que llegó el momento de encontrarse un camino que serpenteaba casi en su totalidad cuesta abajo, que obligaba a encarar un terreno rocoso, de afiladas y resbaladizas rocas en infinitas proporciones, tamaños y colocaciones, tan difíciles de atinar y amortiguar el peso del cuerpo en justo equilibrio e incluso el tan solo hecho de apoyar los pies y no encontrar en ellas un mínimo de reposo para su continuación.

Cesó el deleite de una hermosa vista, para sentir el continuo, incesante y contundente impacto del cuerpo que se desplaza sobre la dureza de las rocas,  un cuerpo agotado que gritaba de fatiga, un camino abrumador que parecía no tener fin.

La experiencia vivida en ese escenario es equiparable a las grandes pruebas que tenemos en la vida, esas que borran nuestras sonrisas aún cuando estemos ante hermosos elementos que forman parte de nuestro día a día, cada paso que damos es con cansancio y fatiga, evocando el pensamiento de cuándo terminará esto, lo más difícil es que no termina cuando queremos, porque el camino de sufrimiento está diseñado de un modo en el que no tenemos ningún control y no hay variantes, en el que desconocemos lo que viene después de una curva, pero aunque parezca sin piedad, la verdad es que si, que si hay piedad y misericordia, porque por breves momentos se presentan trozos del recorrido que son suelos de tierra, en línea recta, imperceptibles diferencias de altura o relieve,  un breve segmento en el que se nos permite descansar y si además se encuentra despejado de floresta y monte, podremos ver lo que vendrá y con buena voluntad continuar.

Con resignación pude llegar hasta el final, no disfruté la vista, nisiquiera podía mirarla porque arriesgaba mi vida a una terrible caída, ya no importaba la hermosa vista sino que pude llegar viva y de pie, una vez en casa, pasé una semana entera sin hacer ningún tipo de actividad física, soportando el dolor de todo mi cuerpo y en especial de mis extremidades inferiores.

Es un largo y sinuoso camino… pero tiene fin.

Así como los días de oscuridad y de tristeza también tienen fin.

¡Hasta la próxima!

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