Adultez,  Mis historias

El misterio de perder una cartera

Esta es la historia de cómo perdí y recuperé misteriosamente una cartera. Sucedió hace unos siete años, cuando por motivos escolares tuve que dirigirme a una librería a comprar la lista de útiles de mi hija, quien para ese momento se encontraba estudiando la escuela media.

Hay una usanza en la ciudad donde vivo en Italia que me parece muy útil y abarata la adquisición de libros, la cual está dirigida a la compra y venta de libros usados vigentes en el sistema educativo, rebajados hasta en un 30%, lo que implica un ahorro significativo.

Mes y medio antes de comenzar las clases nos dirigimos a la librería a comprar los libros y artículos necesarios para el nuevo año escolar, una vez hecha la compra y con un remanente de la ayuda social recibida del alcaldía para estos fines decidimos adquirir una enciclopedia que venía junto a un globo terráqueo, un elemento extra que consideré conveniente para la formación educativa de mi hija.

Una vez en casa, me percaté que habían metido en la bolsa de la compra un globo terráqueo con dos enciclopedias exactamente iguales, al notar el error inmediatamente aparté la enciclopedia de más  para devolverla, solo que no pude hacerlo de inmediato y tardé un mes en volver a la librería, y esto porque mi esposo se estaba preparando para irse de viaje apresuradamente y no sabía cómo llegar sola.

Una vez que mi marido estaba de vuelta, eso fue aproximadamente un mes después, regresamos a la librería, en esta ocasión para devolver la enciclopedia y además culminar con los artículos faltantes en la lista escolar. Había salido de casa con la idea de comprarle a la niña una mochila nueva, le había dado mi palabra, pero había un problema, no podía exceder de 10 €, era todo el dinero con el que contaba, pedirle dinero a mi marido para esto, no era parte del plan, era todo lo que tenía y con eso y solo con eso tenía que cumplir con mi palabra.

Desde hace mucho tiempo he tenido dificultades para pedir dinero, esto está relacionado con una historia de limitaciones económicas, donde he tenido que proveer cómo he podido con lo que he tenido, así se va formando un carácter, llevando a cabo acciones en un camino estrecho y estrictamente cercado.

Una vez en la librería procedo a devolver el artículo extra, en respuesta a ello, las palabras a viva voz del empleado anunciando que la enciclopedia faltante había sido devuelta y a continuación los aplausos del resto de los empleados, una avalancha de pensamientos llegaron a mi mente…”has hecho lo que tenías que hacer”, “quedarte con lo que no te pertenece por muy insignificante que parezca ni siquiera lo consideres”, “nunca antes me había pasado algo así…¿por qué habrán aplaudido?, así iban y venían pensamientos.

Minutos sucesivos comienzo a ver la vitrina con las mochilas de exhibición, pero los costos estaban por encima de mi presupuesto, sin embargo, ya tenía en mente una tienda donde comprarlo a un costo menor. De repente me doy cuenta, que no tengo mi cartera, la busco incesantemente y no la encuentro, pregunto a los empleados de la librería y nada saben de ella, mi último recuerdo era que la tenía en mi mano mientras seleccionaba algunos artículos que me faltaban de la lista escolar.

Una avalancha de nuevos pensamientos vinieron sobre mí, ¿cómo es que vengo a devolver un artículo y yo pierdo uno?, lo que pierdo no era cualquier cosa, era el único dinero que tenía para comprarle la mochila a mi hija, no lo podía creer, hacer un bien para que me fuera devuelto un mal, esto no podía estar sucediendo.

Repito la búsqueda en cada bolsa que tenía en mis manos y no la encuentro, hasta que acepto con desazón y resignación que he perdido la cartera en unas circunstancias casi inaceptables, el pensamiento contundente que me acompañaba era “haber hecho lo correcto al devolver ese artículo y la recompensa era perder los últimos 10 € que tenía para mi hija”, todo era tan extraño e inexplicable.

Lo increíble está a punto de suceder, cuando ya para retirarnos a casa, me encontraba hablando con mi hija fuera de la librería, con las bolsas en la mano, en el soplido de un segundo, al unísono mi hija y yo vemos que la cartera estaba en una de mis manos, ambas nos quedamos impactadas y boquiabiertas, porque el tiempo que precedió a ese segundo había completamente desaparecido.

No fue un despiste lo que hizo que olvidara que la cartera estaba en mis manos, fue un soplido la que la trajo devuelta a mis manos, y para lo acontecido en ese segundo no tengo explicación, mi corazón no dejaba de estar absorto..

Inmediatamente fuimos a la tienda a comprar la mochila, mi hija eligió la que más le gustaba  entre una franja de precios, ¿costo?, la respuesta de la empleada…10 €.

¡Hasta la próxima!

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